España e
Italia, por ejemplo, pueden dar fe de los perjudiciales arbitrajes sufridos en la primera fase (como
España ha pasado primera no se le ha dado mucho bombo, pero nos deben penaltis en los tres partidos, así como el gol en fuera de juego de
Suiza, la expulsión perdonada a
Ponce...)
Mi memoria futbolística en lo que a mundiales se refiere alcanza hasta
España 82 (en
Argentina 78 tenía tres añitos y, francamente, mis recuerdos se deben a videos posteriores). Nunca había visto algo tan flagrante como lo de este mundial. Sí errores garrafales puntuales, como el gol anulado a
Michel contra
Brasil en México 86 o el penalti regalado a
Alemania en la final de
Italia 90, pero jamás una tendencia continuada, similar a lo que llevamos padeciendo en la liga española con los contínuos tratos de favor al
Barcelona, que como poco debe a los árbitros tres de los títulos conseguidos el año pasado (Champions, Supercopa Europea y Mundialito) así como la irrisoria liga de esta temporada, en la cual no quedaron descolgados a finales de la primera vuelta por la cantidad de penaltis inexistentes, rojas y fueras de juego en los que fueron favorecidos.
Este fin de semana los árbitros han llegado a su punto álgido en este mundial (así lo espero, porque si no, apañados estamos). No me refiero a las contínuas faltas de criterio a la hora de señalar faltas (lo que hace un delantero jamás será pitado como penalti si lo realiza un defensa) o tarjetas (te rompen la pierna o el tobillo y no pasa nada, pero ojo con mirar mal al árbitro o mover el balón medio metro del lugar establecido para sacar). Hablo de, mediante decisiones horribles, cambiar el signo de un partido.
Tres de los cuatro arbitrajes entre sábado y domingo, fueron un escándalo. Del primero, el que enfrentaba a
Uruguay y
Corea del Sur (parece que los coreanos le han cogido gusto a esto de jugar con catorce) no se hará demasiada sangre porque los perjudicados, los uruguayos, se clasificaron. Pero con 1-0 a favor de
Forlán y compañía,
Uruguay dispuso de una acción de
Luis Suárez (que el sábado estaba en estado mágico) en uno contra uno frente al meta rival, anulada por fuera de juego inexistente y un posterior penalti con manos clarísimas de un defensor coreano, que evitó la trayectoria hacia portería de un potente disparo, que bien podría haber terminado en gol.

El partido debería haber estado sentenciado para el descanso, pero un árbitro, el alemán
Wolfang Stark, lo impidió.
Uruguay bajó el ritmo en la segunda parte, lo que aprovecharon los coreanos para imponer su físico y lograr el empate. ¿Qué habría pasado si de nuevo
Luis Suárez no hubiera destapado el tarro de las esencias, logrando un magnífico gol (una banana a la escuadra que se acercaba a la calidad de lo que el gran
Michel hizo tantos años en el
Real Madrid) casi al final del partido?
Corea, una vez más (nunca olvidaremos lo del
2002) se habría clasificado robando y el partido se habría convertido en el primer escándalo del fin de semana.
Así que hubo que esperar al domingo para ver los shows protagonizados por el uruguayo
Jorge Larrionda y el italiano
Roberto Rosetti. Hace poco dije de este último que era el mejor árbitro, ahora mismo, del planeta... Si este es el mejor, imaginad cómo es el peor (bueno, no imaginéis mucho, fijáos en el mejor jugador del
Barcelona esta temporada,
Undiano Mallenco y obtendréis la respuesta).
Todos esperábamos disfrutar con el
Inglaterra - Alemania. En la mente del público aquel comentario de
Lineker (y no de
Valdano, que bochornosamente ha intentado alguna vez adjudicarse su autoría) en el que afirmaba que el fútbol es un deporte inventado por los ingleses en el que siempre ganan los alemanes (con permiso, claro está, de
Italia y
Brasil, ya que entre ambos llevan la friolera de nueve mundiales).
Lo que nadie quería, evidentemente, es que el partido lo ganase o perdiese un árbitro. Nosotros vemos fútbol por los futbolistas y no por entrenadores, presidentes ni mucho menos los trencillas de turno. Pero en
Sudáfrica, por lo visto, va a resultar imposible porque la única medida que ha impuesto la
FIFA es prohibir las repeticiones en los videomarcadores de los estadios (increíble).
El partido empezó con mucho respeto por parte de ambos contendientes. En un encuentro de estas características, marcar primero es marcar dos veces y nadie quería ir a remolque en el luminoso. Los ingleses lo intentaban con balones en diagonal de
Gerrard buscando a
Milner,
Defoe y
Rooney por ambas bandas.
Por su parte,
Alemania basaba su ataque en la banda derecha, con un sobresaliente
Müller. Sin embargo el primer gol llegó a la inglesa, un tanto calcado al que encajó
España contra
Suiza (pondré entre paréntesis las comparaciones): saque de puerta de
Alemania, el balón bota porque
Upson (Busquets) no acierta a despejar de cabeza; el balón llega a
Klose por obra y gracia de la lentitud y mala colocación de
Terry (Puyol) y 1-0.

Todavía se podía oír a
Capello abroncando a sus defensas por haber regalado el primer gol del partido, cuando por banda derecha se efectuó una magnífica combinación de pared, que terminó con pase de lado a lado del área a
Podolski, que batió a
James, tras una salida "calamitosa" de éste. Aunque el gol no fue culpa de
"Calamity" sino, una vez más, de
John Terry, que está casi tan sobrevalorado en
Inglaterra como
Puyol en
España. ¿Por qué
Podolski pudo desmarcarse con tanta facilidad entrando por la izquierda del ataque alemán? Porque
Terry, vaya usted a saber por qué, se había desplazado hasta posiciones de lateral izquierdo, (derecha del ataque teutón) dejando un hueco insalvable en su área. Teniendo en cuenta que en la banda de
Müller había tres defensas para dos atacantes, lo de
Terry es uno de los muchos
Expedientes X que estamos viendo en este mundial.
Pero
Inglaterra se repuso, entre otras cosas, gracias a la colaboración alemana en el primer gol británico.
Gerrard centra al corazón del área y
Upson se redime de su fallo en el primer gol germano con un buen testarazo, ante la mirada de todo el bloque defensivo alemán. Uno no sabe muy bien en qué estarían pensando, pero nadie hizo nada por impedir el remate. Si además unimos la desastrosa y tardía salida del portero, se puede considerar el gol como un regalo.
Y como los goles cambian partidos, de pronto a
Inglaterra le entró mentalidad ganadora y, en la siguiente jugada,
Lampard marcó un auténtico golazo. El balón dio en el larguero, botó dentro de la portería (por más de medio metro, como confirma la fotografía inferior) volvió a dar en el larguero con efecto de atrás a delante (lo que imposibilita, aunque uno no haya visto el bote, que se dudara de la legalidad del tanto) volvió a botar (posiblemente también dentro, pero más ajustado) y como el árbitro no pitaba nada,
Neuer, muy rápido de reflejos, agarró el balón y trató de lanzar un contraataque para
Alemania.

Enseguida los locutores nos hablaron de lo ocurrido en
Inglaterra 66, cuando los ingleses se adelantaron por 3-2 a los alemanes en la final, con un gol similar de
Hurst (sólo que aquel no entró y fue concedido, aunque hay que reconocer que el bote fue mucho más ajustado). Algunos pensarán que es justicia divina, pero yo creo lo siguiente: los árbitros son un fraude y hasta que no haya ayuda tecnológica esto, en lugar de fútbol, será una tómbola en la que ganará el que más suerte tenga con el arbitraje. Una vergüenza, un ultraje y todo un insulto a un deporte que posiblemente sea el más seguido en todo el mundo.
Tras la reanudación
Inglaterra salió con todo, con una fiereza desmedida pero sin ninguna cabeza. A los cinco minutos
Lampard, que parecía haber resucitado tras su "no-gol" (llamémoslo así) estampó un cañonazo en el larguero que hizo temblar a toda
Alemania.
Parecía claro: los ingleses estaban empujando a los alemanes hasta meterlos a todos en su campo, pero lo hacían manteniendo la posesión del balón y sabiendo qué hacer con él, es decir, jugando al fútbol, algo que sus arcaicos procedimientos no entienden. Me quedo con un comentario de
Michael Robinson: "la Premier League es importante por los extranjeros fichados por los principales equipos, ya que el fútbol inglés está obsoleto". Con eso creo que queda definida una amarga realidad para un país, el inglés, que siempre se ha movido por tradiciones, las cuales son muy difíciles de modificar, ya que debe hacerse mediante costumbres. Y si la costumbre es patadón hacia arriba, es complicado.
La locura inglesa parecía funcionar, pero fue un espejismo. Sí,
Alemania parecía encogida dentro de su propio campo, pero ¿a nadie se le ocurrió decir a estos futbolistas ingleses que faltaba muchísimo tiempo para la finalización del partido y la desventaja era sólo de un gol? Así llegaron los dos tantos alemanes que rompieron la eliminatoria: el tercero de contragolpe tras una falta sacada por
Inglaterra cerca del área alemana, tanto conseguido por el mejor jugador del partido,
Müller, en el 67 y el cuarto y último, del propio
Müller, tres minutos después, en un balón largo despejado hacia la banda izquierda, en el que nadie quiso correr a excepción de dos alemanes y un inglés (y no es un chiste).

Así que entre
Capello,
John Terry y el árbitro, amargaron la fiesta a una
Inglaterra que por fin parecía estar a gusto en un terreno de juego. Lo siento por
Beckham, que ha sufrido como el que más. Sus funciones no han sido de mera comparsa, ya que ha estado en todo momento apoyando a sus compañeros. Por no hablar de cómo se comió al torpe
Larrionda por no conceder el gol de
Lampard.
Cuando pensaba que los arbitrajes no podían ir a peor, llegó el
México - Argentina. Iluso de mí, creía que
Rosetti permitiría que fuesen los jugadores quienes decidiesen el resultado del choque, pero no, qué va. Con
México como claro dominador del juego y único creador de ocasiones de gol (a destacar otro zapatazo al larguero, de esos que tanto estamos viendo en este mundial) llegó una acción más terrible, si cabe, que la mencionada antes de
Lampard: el fuera de juego más escandaloso visto en años.
Tévez remató de cabeza un pase de
Messi (que sigue sin ver puerta), el problema es que cuando se realizó el centro, el
"apache" tenía por detrás a los otros veintiún jugadores. Y no os creáis que se trató de un "offside" por milímetros, ya que al menos estaba adelantado metro y medio sobre el último defensor.
Como el público ve los video-marcadores, se montó una bronca espectacular, similar a la del
Inglaterra - Alemania. El juez asistente ya había concedido el gol, sin embargo
Rosetti se acercó hasta él para hacer el paripé (porque para otra cosa no se explica) y entre abucheos, terminó por validar el tanto.

En pleno desconcierto por la polémica jugada,
Higuaín pescó en río revuelto, se hizo con un balón con gran calidad en el control y consiguió su cuarto gol en este mundial (foto superior) . En la celebración
Heinze la tomó con una cámara, golpeándola tras haber chocado previamente contra ella.
México se vino abajo durante el resto de la primera parte y como la segunda se inició con un trallazo de
Tévez (esta vez legal) desde fuera del área que supuso el 3-0, moralmente les costó arrancar.
Pero lo hicieron y eso es digno de aplaudir.
México logró reponerse e incluso acortaron distancias con un gran gol de
"Chicharito" Hernández que, de espaldas a la portería y cubierto por dos defensas, se giró con un eléctrico y perfecto control orientado, para batir posteriormente al meta argentino por toda la escuadra.
¿Sabéis cual fue la sensación que me dejó
Argentina a pesar de contar todos sus partidos por victorias? La de que
Alemania se los va a comer en cuartos. Entre ambas selecciones hay una diferencia abismal, pero claro, habrá qué ver por quién se decantan los árbitros esta vez.
Queda el partido del sábado por la noche, un buen
Estados Unidos - Ghana en el que acabaron venciendo los africanos. Se podría decir que de los 90 minutos iniciales (aquí se disputó la primera prórroga del campeonato) la primera parte fue para
Ghana y la segunda para los norteamericanos.
USA trataba de ganar la espalda de sus rivales, en la primera mitad, mediante largos pases en diagonal. Sus delanteros trataban de desmarcarse hacia los espacios y a pesar de que tanto los pases como los movimientos sin balón eran buenos, la defensa de
Ghana resultó un muro infranqueable, todo lo contrario que la americana, que sufrió de lo lindo. De hecho a los cinco minutos
Boateng ya había adelantado a su equipo, que no llegó al descanso con más goles de ventaja por pura casualidad, ya que su superioridad frente a los americanos fue aplastante.

Pero he aquí que
Estados Unidos cuenta con un entrenador,
Bob Bradley, que sabe leer los partidos. Así que cambió la táctica: combinaciones cortas, apoyo cercano a quien lleva el balón, paredes, contínuos movimientos y cambios de posiciones y
Ghana empezó a no saber cómo defender. Así que los africanos comenzaron a efectuar juego duro, demasiado, rozando los límites de lo permitido. Tanto que al final provocaron un penalti, transformado, cómo no, por ese fenómeno llamado
Landon Donovan.
Estados Unidos pudo haber ganado el partido ya que contó con muchas oportunidades para sentenciar el choque en la segunda mitad, pero se encontró con su gran hándicap: no tienen un sólo delantero centro en condiciones. Sin nadie que rematase de forma eficiente las jugadas, se llegó a la prórroga, en la que un gol de
Gyan tras jugada individual sentenció el choque.
En cuartos se verán las caras contra
Uruguay y se cumplirá uno de nuestros pronósticos: que una de las selecciones no favoritas esté en disposición de dar la campanada ya que o bien
Ghana o bien
Uruguay, se plantará en semifinales.

Para terminar, el jugador de la jornada. Se lo iba a dar a
Müller, pero teniendo en cuenta que el futbolista alemán más decisivo fue el árbitro, me quedaré con la fantástica actuación de
Luis Suárez, cuyos dos goles hicieron justicia y dejaron fuera a una de las selecciones más infames, tramposas y favorecidas en la historia de los mundiales de fútbol:
Corea del Sur.